MADRE

Esta mañana fui a recoger a mi madre a la ONG donde está colaborando desde hace algunos meses, para acompañarla después al ginecólogo. Por surrealista que parezca, tengo que obligarla con esto de las revisiones anuales, porque "le da vergüenza lo de desnudarse", aunque al menos ahora ya no se inventa excusas absurdas para no ir, no sé si porque sabe que no le servirán de nada o porque "vamos avanzando". Por descontado, el ginecólogo en cuestión es una mujer.
Llegué un cuarto de hora antes de lo previsto (olvidaba que estacionar en Agosto se vuelve casi fácil), y su clase de bricolaje todavía no había terminado, de manera que tuve la ocasión de verla desenvolverse ante sus entregados alumnos como pez en el agua. Debo decir que me sentí profundamente orgullosa de ella.
Su tono de voz, firme y claro, con ese ligero gracejo andaluz, daba las instrucciones precisas para ensamblar las piezas de lo que sería una mecedora. Tras insistir en que las piezas en cuestión estaban numeradas con el 2 y el 3 ("ojito con coger la 4 o la 5, que luego no nos sale"), se dedicó a supervisar , uno por uno, a sus alumnos. Corregía con cariño a los que no habían acertado, y felicitaba, un poco exageradamente para mi gusto, a los que lo habían conseguido a la primera. Tal y como se haría con niños, aunque en este caso se tratara , en general, de personas muy mayores , que le agradecían con la mirada cada gesto de atención.
Mi madre es una persona agradable, de las que caen bien enseguida.Tiene un carácter inusualmente alegre, habla mucho, es entusiasta con todo lo que hace , y exagerada, (es imposible que planchar proporcione tanta felicidad a nadie),y con ella no hay la más mínima duda acerca de cómo está el vaso: siempre lleno a rebosar. Yo estoy convencida de que vive en una realidad paralela. Y no es ninguna broma.
En definitiva, todas mis amigas la adoran, y los vecinos, y los amigos de mis hermanos y mi sobrino. Y la frutera, y las cajeras del supermercado. Y por lo que estaba comprobando, sus alumnos también. (Yo me uno a la lista, con la diferencia de que a mi me agota)
Explicaba que el siguiente paso sería lijar la madera de esa pieza, para que quedara lisa y sin rugosidades. "Como la cara de Celia", y sonrió. La tal Celia debía tener cien años, pero su rostro, redondo como una pelota, y estirado por un moño en pleno cogote, no la delataban. (No así las manos o el cuello). En cualquier caso, se la veía contenta del protagonismo recién adquirido.
Mi madre es tenaz. Y cabezota. Y siempre lucha por lo que quiere, incansable.A veces lo consigue sólo por lo que acaba aburriendo, pero cada uno tiene su método. Es sacrificada. Demasiado sacrificada. Se le olvida que ella es tan importante (o más, pero ese es un concepto que su cerebro no asimila) que todos nosotros juntos. Prefiere morirse antes que dejar de cumplir con lo que se espera de ella como madre, como esposa, como abuela, como vecina y como mujer. Y es su educación la que define esos parámetros, exactamente como si el tiempo no hubiera pasado.
Evidentemente, cuando me vio en la puerta del aula, observándola, tuvo que hacerlo, es superior a sus fuerzas. Y por más que le diga una y mil veces que me molesta, y que me cabrea, ella no dejará de repetirlo nunca: hacerme una presentación en público de no menos de cinco minutos, sin escatimar elogios ni piropos ( ni que me quisiera vender), y exagerando mis cualidades hasta hacerme parecer extraterrestre. Por supuesto, ante esa pasión de madre, nadie se atreve a replicarle, pero la cosa no queda ahí: todo el mundo tiene que reconocer lo guapísima que soy, y eso me hace sentirme tan.....En fin. En esos momentos la mataría. Sin ningún tipo de remordimiento.
Por supuesto, mi madre y yo tenemos serios problemas de entendimiento, aunque no de comunicación. Somos incapaces de ver la vida no ya del mismo modo (menuda utopía), ni siquiera de uno parecido.No coincidimos ni en religión, ni en política, ni en moda, ni en hombres, ni en opiniones acerca del aborto, de la infidelidad en la pareja, o de la eutanasia, o de la donación de órganos, o del matrimonio gay, o del trasvase del Tajo. En nadita. Me resulta muy triste, cuando voy a comprarle un regalo, saber que si elijo algo que a mí me horroriza, acertaré. Pero así es.
Sin duda, mi madre es la persona que más y mejor sabe desquiciarme.
Pero es mi madre.
Y sobra todo lo demás.

4 Comments:
At 10:35 p. m.,
Eulalia said…
No sobra en absoluto. Una madre es una madre, pero además es alguien con una vida de la cual tiene responsabilidad. Y, si lo hace bien y es feliz, pues... Estupendo. El asunto es que tu dudas de que tanta coherencia sea verdadera...
Un beso.
At 11:21 p. m.,
Aldara said…
Quizá tengas razón.. quizá yo me empecine en que cambie según qué cosas porque yo considero que así sería más feliz. Pero tal vez fuera más desgraciada. No lo sé. Las madres sois un misterio.
Gracias por venir.
Un besote.
At 12:48 p. m.,
Bito said…
Venga señorita, si leyendo el texto me ido resbalando del rastro de babas que has dejado hablando de tu madre. Se nota verdadera admiración.
Por cierto, planchando yo también disfruto como un macaco...
At 7:48 p. m.,
Aldara said…
Ja, ja, ja... ¿de veras, Bito? Bueno, es tan cierto que la quiero un montón como que me desquicia los nervios. Y tampoco era cuestión de ponerla a parir (otra vez!), pobrecita mía.
Un besote, y gracias por pasarte.
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