MARI MAR Y EL MAGO DEL BRICOLAJE
"¿Alguien puede explicarme cuál es la jodida política de precios de Leroy Merlín? Es que yo soy de Letras."
Mari Mar, amiga de mi madre de toda la vida, JAMAS suelta ningún taco, así que cuando entró en la cocina como un vendaval, mi hermano y yo nos miramos y supimos que esa vez no nos libraba ni el apuntador. Ninguna fuerza de la naturaleza, divina o humana, iba a evitarnos escuchar su historia. Y para que nadie se crea que somos unos desalmados con la mujer que nos vio nacer y que casi es como de la familia, me voy a animar a contarla lo más literalmente posible a como ella, la gran Mari Mar, nos la contó a nosotros:
"Acompañé el jueves a mi cuñada, a Menchu, que Raquel está en la playa desde junio, la muy tramposa. !Anda que los de la Seguridad Social vigilan bien lo de las bajas por enfermedad que coge la gente!, en fin, así nos va. Al final son funcionarios todos y pasa como con los médicos, se tapan entre ellos, eso es lo que pasa.Pero bueno. Eso, acompañé a Menchu a comprar pintura para exteriores, para la casa del pueblo que le quedó de sus padres, y a la que, por cierto, ya le iba haciendo falta una buena manita, porque hijos, teníais que verla, verde se ha quedado del musgo y la porquería que le ha crecido. Un horror, fatal, fatal. El caso es que, curioseando por aqui y por allá, porque yo no entiendo nada de pinturas y me aburría como una ostra,veo unos estores preciosos, clásicos de toda la vida. Debían de estar descatalogados, pero ya os digo, divinos, verde piscina (¿¿??), una auténtica preciosidad. Y baratísimos, oye, que yo no me lo podía creer: 10 euros cada uno. Al momento pensé: "Mucha falta no me hacen, pero para lo que cuestan, y para variar de las cortinas, y darle otro aire al salón..."Y decidí comprarlos. Eso sí, como me pilló así, un poco de sopetón, sin quererlo, vaya, pues los tuve que elegir al ojo del buen cubero, porque ya me diréis quién es la guapa que se va a saber de memoria las medidas exactas, de ancho y de largo, de las ventanas de su sálón.De locos, vamos. !Huy, mira!, ahora que lo pienso, pude haber llamado a casa, y que las midieran, qué tonta. Aunque total, como en mi casa nunca hay nadie..., excepto para comer y dormir, claro, que eso empieza a parecerse a un hotel de cinco estrellas. Cualquier día me harto y la lío, os lo digo yo. En fin. Como no sabía la medida exacta, decía, al menos me aseguré de que podría cambiarlos, ya me conocéis, se lo pregunté como unas dos o tres veces a la chica, pero explicándole muy bien el por qué, que a veces con las rebajas, no se sabe.
Bueno, salí más contenta de allí que unas pascuas. Al final escogí los de metro cincuenta de ancho, que pensé que irían bien, porque como el ventanal ese de mi casa es enorme, ya sabéis, va de pared a pared, pues... Fue horrible cargar con ellos (compré dos), y en el coche de Menchu no había manera de colocarlos. La verdad es que también tiene un coche bien pequeño y bien viejo mi cuñada, es que no paro de decírselo: "Menchu, hija, ahora que los niños ya terminaron la universidad, ya podías cambiar de coche, mujer". Pero ni caso. Al final conseguimos tumbarlos, atravesados....." (y bla, bla, bla...)
(Paréntesis salvador de la autora: Creo que ya ha quedado sobradamente claro el motivo por el cual Mari Mar es para mi hermano y para mí el objetivo a evitar siempre que podemos. Así que ya puedo seguir con la historia de una manera menos literal, o me pasaré escribiendo cuatro días seguidos)
La buena de la mujer se llevó los dos estores divinos (insisto, ¿verde piscina?) aquel día, jueves y como resultaron ser grandes, regresó el lunes a Leroy Merlín con la sana intención de cambiarlos. Ycual fue su sorpresa cuando le dijeron que el precio había cambiado: de 10 euros a 80, así, como quien no quiere la cosa. ¿Fin de rebajas? Pudiera entenderse... Pero no. Mucho más curioso: aquel dia valían 80 euros, pero al siguiente, martes, volverían a estar a 10 euros de nuevo. Impresionante.
Mari Mar estaba indignada, y según nos dijo, se pasó toda la mañana en la tienda (la creemos, la creemos), de empleado en empleado, (lunes infernal para ellos), hasta que el encargado, en su gran sabiduría, pudo explicarlo perfectamente: "Se trata de nuestra política de precios, señora, y yo no puedo hacer nada. Vuelva mañana, y cambiélos, o que le hagan un vale en caja central".
Mari Mar, que no tenía previsto volver jamás, habló, habló y habló, hasta que le devolvieron sus veinte euros.
Y esto nos lleva de nuevo al principio:
¿Cuál es la jodida política de precios de Leroy Merlín?
Yo sugiero una, pero es demasiado evidente: vacilar a sus clientes. Se admiten muchas más.

1 Comments:
At 9:59 a. m.,
Aldara said…
Gracias por tu visita, Lulú.
Un besazo.
Publicar un comentario
<< Home