UNO DE ESOS DIAS....

Soy mujer. Eso significa, entre otras cosas, que una vez al mes albergo en mi interior un multitudinario baile de hormonas enloquecidas, y retengo líquidos como para paliar la sequía de África durante una semana entera. Y me inflo como un globo aerostático sin que, no obstante, hasta la fecha haya logrado el milagro de levitar.
Siginfica que mis ovarios se hacen un nudo (triple lazada), y que en mis riñones se instala un enano cabrón dedicado en exclusiva a darme pinchazos, regulares e implacables, a razón de uno cada tres segundos.
Duermo fatal y me levanto cansada. Al día siguiente, delante del espejo, sé que no toca maquillaje, sino restauración. Las ojeras me dan aspecto de mapache, estoy pálida como si padeciera ictericia, y me han salido granos de adolescente (manda huevos, que diría Trillo), además de una llaga de aspecto muy desagradable en la boca, labio inferior, donde me palpita el corazón (no le veo el romanticismo por ningún lado), y que, por supuesto, no deja de dolerme.
Todo eso, mientras mi pelo parece haber adquirido vida propia con la insana intención de hacerme perder los nervios.
Honestamente: Se me ocurren mejores maneras de comenzar el día que entre capas de pintura (si fuera puerta, me sobrarían dos), y con un kilo de laca encima. (¿Movimiento a tu peinado? Ja!).
En uno de esos días, en mi caso al menos, la realidad se transforma y el cosmos parece confabularse para: uno, que todo me salga mal; dos, que mi torpeza me preceda (más); y tres, que el planeta entero esté al tanto de ambas cosas.
Y ante esta situación, no hay mucho que una pueda hacer, pero, por si acaso:
- Me prohíbo terminantemente tomar decisiones difíciles, por claro que lo vea, ni planeo nada importante, por sencillo que me parezca.
- Descartado, desde luego, realizar inversiones, abrir negocios, o suscribir pólizas de cualquier tipo, (aunque ésto debe ser aplicable sólo a las Koplowitz, me temo).
-Tampoco firmar nada, a ser posible. (No, nisiquiera los papeles que me ponen las ONG delante de la cara para evitar que se talen los árboles de la Castellana, por poner un ejemplo).
Y fundamental: no salir de compras.
Además, intento evitar situaciones susceptibles de provocar enfrentamientos y/o discusiones de cualquier naturaleza, porque, evidentemente, bastante tengo con lo que tengo.
Pero a pesar de mis buenas intenciones,siempre tiene que haber una excepción.
Y la única posible se da, claro está, en el mismo instante en que un santo varón se permite el lujo de hacer cualquier reproche, comentario impertinente o sarcasmo respecto a mi menstruación. Entonces, me doy permiso para despacharme a gusto. Por imbécil.
Y porque si él sabe tan bien el motivo de "mi tensión", yo también sabía el de la suya: no catar hembra desde que su sabia señora esposa lo mandó a freír espárragos, y de eso hacía.... buffff
Fui una bruja. Pero me disculpé. No debí decir "sabia señora esposa", sino sabia señora EX-esposa.
Duermo fatal y me levanto cansada. Al día siguiente, delante del espejo, sé que no toca maquillaje, sino restauración. Las ojeras me dan aspecto de mapache, estoy pálida como si padeciera ictericia, y me han salido granos de adolescente (manda huevos, que diría Trillo), además de una llaga de aspecto muy desagradable en la boca, labio inferior, donde me palpita el corazón (no le veo el romanticismo por ningún lado), y que, por supuesto, no deja de dolerme.
Todo eso, mientras mi pelo parece haber adquirido vida propia con la insana intención de hacerme perder los nervios.
Honestamente: Se me ocurren mejores maneras de comenzar el día que entre capas de pintura (si fuera puerta, me sobrarían dos), y con un kilo de laca encima. (¿Movimiento a tu peinado? Ja!).
En uno de esos días, en mi caso al menos, la realidad se transforma y el cosmos parece confabularse para: uno, que todo me salga mal; dos, que mi torpeza me preceda (más); y tres, que el planeta entero esté al tanto de ambas cosas.
Y ante esta situación, no hay mucho que una pueda hacer, pero, por si acaso:
- Me prohíbo terminantemente tomar decisiones difíciles, por claro que lo vea, ni planeo nada importante, por sencillo que me parezca.
- Descartado, desde luego, realizar inversiones, abrir negocios, o suscribir pólizas de cualquier tipo, (aunque ésto debe ser aplicable sólo a las Koplowitz, me temo).
-Tampoco firmar nada, a ser posible. (No, nisiquiera los papeles que me ponen las ONG delante de la cara para evitar que se talen los árboles de la Castellana, por poner un ejemplo).
Y fundamental: no salir de compras.
Además, intento evitar situaciones susceptibles de provocar enfrentamientos y/o discusiones de cualquier naturaleza, porque, evidentemente, bastante tengo con lo que tengo.
Pero a pesar de mis buenas intenciones,siempre tiene que haber una excepción.
Y la única posible se da, claro está, en el mismo instante en que un santo varón se permite el lujo de hacer cualquier reproche, comentario impertinente o sarcasmo respecto a mi menstruación. Entonces, me doy permiso para despacharme a gusto. Por imbécil.
Y porque si él sabe tan bien el motivo de "mi tensión", yo también sabía el de la suya: no catar hembra desde que su sabia señora esposa lo mandó a freír espárragos, y de eso hacía.... buffff
Fui una bruja. Pero me disculpé. No debí decir "sabia señora esposa", sino sabia señora EX-esposa.

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