Romeo debió vivir

INTENTO, PROBABLEMENTE VANO, DE ENTENDER Y ENTENDERME. RINCON DONDE PONER EN ORDEN MIS CONSTANTES Y APABULLANTES CONTRADICCIONES. BUSQUEDA DEL EQUILIBRIO ENTRE BESARTE Y PARTIRTE LA CARA. CUALQUIER PARECIDO CON EL PARAISO, PURA COINCIDENCIA.

14 septiembre 2006

HAY UNA CARTA PARA TI



O no exactamente. Lo que había para mí era un correo electrónico. Porque las cartas de toda la vida, las de sobre y matasellos, ahora son sólo cosas de Hacienda, de Tráfico, de los Juzgados y de los bancos, ¿no?, y encima, viniendo de donde vienen, seguro que para traer noticias francamente mejorables. En fin. Mi correo - sí, con alguna censura, pero poca cosa-, venía a decir más o menos esto:
"Hola, minana:
Mi comisión de servicios se acaba. Sólo me queda hasta finales de septiembre aquí, aunque ya han pasado seis meses. Y la verdad es que no me quiero ir. O no del todo. Estoy como atrapado en esta ciudad que me fascina y me aturde a la vez. A pesar de que es un coñazo expresarte en una lengua que no es la tuya, y a pesar de tener la odiosa sensación de que se te escapan detalles vitales de las conversaciones. A pesar del frío que empieza a hacer, y de lo mala que es la comida. A pesar de que vivo con cinco personas más , cada una de un país diferente, en un apartamento de 60 metros, con cuatro literas, y un sofá, y donde el cuarto de baño jamás está libre cuando lo necesitas.
A pesar de ello y como me temo que toda ayuda será poca a la hora de marcharme, he pensado que ....(Ver documento adjunto, y sobre todo y muy importante, NO CHILLAR COMO UNA LOCA, que nos conocemos)
Te doy tiempo a que recorras la casa varias veces dando botes, y cuando me parezca que ya estarás lo bastante cansada y relajada, te llamo y comentamos los detalles. Venga"
El susodicho documento adjunto al que se refería el correo no es otra cosa que la confirmación de un billete electrónico de un vuelo a nombre de Aldara V. V.,(yo soy ésa, como dice la copla), rumbo a Bruselas , por gentileza de mi hermanito el funcionario, para el próximo domingo.
Oé oé oé... trailará, lará, larito...y Arriguitaun, taun, taun.
¿Alguna vez he dicho que Marcos es el "más mejor" del mundo mundial? Pues lo es. Pero no por este regalazo. O al menos, no sólo por él.
Y está bien. Lo contaré, pero rapidito. Me llama "minana" porque cuando él ya era un hombrecito de dos años, que levantaba tres palmos del suelo, y yo todavía estaba en mi sillita, la mar de entretenida metiéndome los dedos de los pies en la boca (flexibilidad, divino tesoro), y alguien le preguntaba quién era yo, él respondía "mi nana", cuando realmente quería decir, mi hermana. Y yo tengo mis dudas acerca de si aprendió finalmente a decirlo bien, porque desde entonces me sigue llamando así. Pero reconozco (sí, es cierto) que a mi oído le suena más que bien. Porque es un vestigio de aquel deseo de casarnos uno con el otro cuando éramos pequeños, y porque todavía hoy en día hay pocas cosas más reparadoras para mí que una buena conversación con él y una buena siesta con mi cabeza apoyada en su barriga.
Pero no nos desviemos del tema principal. !!Me voy a Bruselas!!!
Y no sólo eso. Por fin he encontrado algo con lo que entretenerme lo suficiente como para olvidar que los de la entrevista dijeron que llamarían entre mañana y el martes. Buf. Justo ahora. Hasta serán capaces de decirme que sí. Tela.

08 septiembre 2006

DESTELLOS Y CEGUERAS



Cuando éramos pequeños, mis hermanos y yo jugábamos a menudo con mi padre a "destellos y cegueras", al más puro estilo familia yanqui perfecta, de las de "qué-bonito-es-todo", que tanto abundan en las series de televisión.
El juego consistía en contar, en una sola frase, o de forma muy esquemática, las cosas buenas y malas que habían pasado en los últimos días en nuestras vidas (en general, desde la última "partida"). Las buenas eran destellos y las malas, cegueras. Yo recuerdo incluso anotarlas en un papel para que no se me olvidara ninguna, y decirlas sólo cuando tuviera a mi público dispuesto para escucharlas. Casi siempre, aunque creo que esto no tenía nada que ver con la finalidad del juego, acabábamos peleándonos por quién tenía la ceguera peor, o de quien era el destello más brillante.
El juego lo inventó mi padre . (Se notaba sobre todo porque sólo podíamos jugar si los deberes estaban hechos), pero se desarrollaba según un ritual y unas normas que fuimos estableciendo por la costumbre, casi sin darnos cuenta, entre todos.
Por ejemplo, cualquiera de los participantes podía proponer jugar, pero tenía que conseguir el consentimiento de todos los demás, porque si no, el juego se suspendía. Así que, si te apetecía mucho, mucho, tenías que ir preguntando uno a uno si querían, y en caso de que no, ingeniártelas para convencerlos. Esto de la persuasión, a veces, requería de los más variopintos chantajes, aunque mi padre, supongo, ni se lo imaginaba.
Si finalmente la mayoría aceptaba, el proponente decidía el sitio donde jugar, que podía ser cualquier habitación de la casa, menos el cuarto de baño.
Lo que correspondía entonces era anunciarlo a grito pelado, tipo: "!!!Destellos y cegueras en la habitación de Marcos!!!", señal inequívoca de que se había logrado el consenso. (Tipo "habemus papa", pero sin fumata blanca).
Y lo siguiente, coger alguna chuchería de la cocina, y salir disparado al centro de reunión, para pillar un sitio donde ponerse cómodo: encima de la cama, en el sofá, en el suelo sobre un colchón de cojines, tumbados en la alfombra...a libre elección de cada uno, dependiendo del lugar. Podíamos incluso descalzarnos si queríamos.
El orden para empezar era siempre por sorteo. A veces contábamos todos los destellos en una primera ronda, y en la segunda, las cegueras. O a veces decíamos destellos y cegueras en la misma intervención. En ocasiones, tus alegrías no llegaban a ser destellos, pero las decías igual, por esto de tener alguno. Y en muchas otras, lo que tú creías que era una ceguera, en realidad no llegaba a esa categoría. Y era posible, incluso, que dentro de una ceguera se escondiera un destello, y que tú no lo hubieras visto.
Recuerdo un par de días en que todos, mis hermanos y mi padre, tuvimos el mismo destello y la misma ceguera. Por ejemplo, cuando se murió la abuela Antonia, o cuando se llevaron a mi madre al hospital para operarla. O cuando nos mudamos al piso nuevo, mucho más grande y bonito.
Si fuéramos una familia yanqui de las de "qué-bonito-es-todo" diría que aquel juego me enseñó a escuchar y a expresar mis sentimientos con facilidad. Pero somos españolitos, y la triste verdad es que mi hermana Clara y yo llevamos años instaladas en una especie de guerra fría bastante desagradable, a la que nos ha costado llegar, y que creo que es lo más que podemos tener.
De todos modos, es de justicia que si algún día crean un Premio Nobel a los mejores inventores de juegos, tengan en cuenta a mi padre como su más firme candidato.

06 septiembre 2006

LIMITACIONES, FOBIAS, DEBILIDADES

Por supuesto que conozco mis limitaciones, fobias y debilidades, faltaría más. Si quisiera contestar a la absurda pregunta con sinceridad seguramente me extendería un poco, y debería comenzar confesando que tanto mis manos como mis oídos concentran casi el cien por cien de mis torpezas e inutilidades.

Jamás nadie consiguió que aprendiera a coser, calcetar o bordar, ni a dibujar o pintar, ni a tocar la guitarra, ( si se descuidan, ni la pandereta, después de dos años de solfeo, un desperdicio). Tampoco se me da nada bien eso del bricolaje. Mi madre, no sin cierto disgusto, se tuvo que rendir a la evidencia el día que vio mi estilo, personalísimo e inconfundible, a la hora de envolver en papel de regalo una simple caja. Aunque creo que ya algo sospechaba desde mi más tierna infancia, cuando le traía del cole mis obras maestras, y jamás acertaba lo que eran si yo no se lo decía. Menos mal que, para compensar, las maquetas de Marcos rayan la perfección absoluta, pudiendose considerar arte.
Y hablando de artes. De las marciales, tampoco aproveché mucho: otros dos años de taek-wondo y no pasé de cinturón blanco.
Se me dan fatal los idiomas, y soy pésima cantante. Por eso admiro tanto a esa gente que , con sólo escucharla una vez, es capaz de interpretar una melodía. Por eso me encanta la música.
En invierno, a poco frío que haga, los oídos me duelen; lo mismo si buceo a más de tres palmos de la superficie del mar. Además, los lóbulos de las orejas se me ponen como morcillas de Burgos si llevo pendientes que no sean de oro.
No soporto el olor ni el calor agobiante de los hospitales, ni las series de televisión tipo "Urgencias", con sus escenas tan explícitas y reales de accidentes, infartos e intentos de suicidio. Qué repelús. Jamás me automedico con nada más fuerte que una aspirina, y de pequeña, siempre, me desmayaba cuando me iban a vacunar y veía la aguja.
El sonido de las sirenas de ambulancia en la ciudad me provocan dentera. También los claxons de los coches de los desesperadillos, o el volumen de la música a máxima potencia de los niñatos. Por no hablar de los vecinos que siempre están en obras un domingo a las ocho de la mañana.
Las cucarachas me repugnan profundamente, me da escalofríos la sola idea de imaginarme a una de ellas subiendo por mi pierna, pero a pesar de eso, soy incapaz de matarlas, porque el ruido que hacen cuando se las pisa me repele todavía más.
Soy alérgica a los ácaros. Y al aire acondicionado.
Todas las plantas que he tenido a mi cuidado han terminado muriéndose, en lenta y larga agonía, por más que yo intentara evitarlo. (Esto, más que una limitación, es una frustración personal)
Me parece un insulto a mi inteligencia que los fabricantes de un desodorante me quieran convencer de que el nuevo envase me va a durar lo mismo, a pesar de que es sensiblemente más pequeño que el anterior, aunque ésto no sé a qué viene.
En definitiva, y como ya dije antes, conozco mis limitaciones. Pero si el de la entrevista de trabajo de ayer esperaba que se las dijera, así tal cual, iba apañado. Claro que siempre puede entrar en este blog....

02 septiembre 2006

NO. (LA VIDA TE DA SORPRESAS, 2ª PARTE)


Finalmente, el teléfono sonó. Llevaba demasiados días asi. Y yo evitándolo. Evitándote. Perdóname.
No temas. Ya se acabó. Hoy, por fin, he tenido el valor suficiente para decirte NO.
No quiero que nos tomemos ese café.
No quiero verte, como si nada, ni siquiera el tiempo (especialmente, el tiempo), hubiera pasado. Porque yo ya no soy la misma, y ya no sé quién eres tú. Y porque volver a conocerte requiere energía, y yo no tengo fuerzas, ni ganas. No ahora. Lo siento.
Así es que renuncio a lo que sea que me quieras ofrecer, y escojo tu recuerdo. Congelo mil momentos: las risas, los bailes, las excursiones, los días de playa... Para poder refugiarme en ellos cuando quiera, las veces que quiera. Y para no olvidar que, un día, fui feliz.
Suerte en tu camino.