Romeo debió vivir

INTENTO, PROBABLEMENTE VANO, DE ENTENDER Y ENTENDERME. RINCON DONDE PONER EN ORDEN MIS CONSTANTES Y APABULLANTES CONTRADICCIONES. BUSQUEDA DEL EQUILIBRIO ENTRE BESARTE Y PARTIRTE LA CARA. CUALQUIER PARECIDO CON EL PARAISO, PURA COINCIDENCIA.

31 agosto 2006

EL EFECTO BOOMERANG



El nacimiento de mi sobrino, hace ahora cuatro años y medio, marcó sin quererlo un antes y un después en mi vida. Por sí mismo, pero sobre todo por las difíciles circunstancias que lo rodearon, me propuse brindarle la mejor de las bienvenidas a este mundo a veces tan complicado.
Pero lo curioso, es que con su llegada, imprevisiblemente para mí, cambió también la vida de otro ser humano: la de Areli, guatemalteca, de tres años de edad por aquel entonces.
Porque fue tal la ternura y el instinto de protección que Dani despertó en mí la primera vez que lo sostuve en mis brazos, tan chiquitín, tan indefenso y frágil, tan arrugado y feote (aunque era, y sigue siendo, una preciosidad), que no pude posponer ni un solo segundo más mi idea de apadrinar a un niño del mal llamado Tercer Mundo. Me lo había planteado en múltiples ocasiones, y otras tantas lo había desestimado, a la espera de ingresos más regulares.
Y sin embargo, fue lo primero que hice aquella tarde al salir del hospital. Llegué a casa, y con inusual urgencia, me dediqué a buscar en la red diferentes ONGS centradas en la infancia. Pasaron horas antes de encontrar la que consideré más adecuada, y eso porque, como podréis imaginar, para mí no era una mera cuestión de dinero.
Y precisamente por eso, las primeras que descarté, sin contemplaciones, además, fueron aquellas que "exigían" una cantidad mínima al mes, por baja que ésta fuera. Sin dudar de sus razones estratégicas, y a pesar de ellas, a mí me parece, sencillamente, una práctica de muy mal gusto. Si yo ofrezco, pongamos por caso, cinco euros, porque no puedo o no quiero dar más, (mi dinero es mío y hago con él lo que me da la gana), según yo, deberían juntarlo con cinco de otra persona, y con cinco de otra más, hasta alcanzar ese mínimo "imprescindible". En todo caso, que se busquen la vida, y que agudicen el ingenio, -deberían estar preparadas para ambas cosas -, pero que no me hagan creer que mis cinco no le sirven a un niño que necesita eso y más. No es buena táctica conmigo.
De las supervivientes a la criba (no tantas), me centré en las que colaboraban con niños de América Latina . ¿Por qué? Porque lo que yo pretendía era crear un vínculo con, en este caso, mi ahijada, y para ello era importante que hablara español. Y hasta qué punto...
Porque ayer, 30 de Agosto, (Areli pronto cumplirá ocho años), recibí la primera carta escrita de su puño y letra. Apenas me cuenta cuatro cosas, de sus hermanos y de la comunidad en la que vive, con giros en el lenguaje, de los cuales entiendo uno e intuyo los demás. Con letrotas enormes y torcidas, que levantaron todas mis simpatías.
Me emocioné. Nunca antes había sido tan consciente de la contradicción de estar llorando mientras mi boca dibujaba la mejor de las sonrisas. Alegre como pocas veces, sintiendo a Areli cerca, muy cerca, a pesar de la enorme distancia, lo cierto es que me involucré tanto como para soñar lo mejor para ella, como lo hago con mi sobrino, y como algún día, supongo, lo haré con mis hijos.
Y llevo desde entonces reflexionando acerca de este curioso efecto boomerang, por el cual pretendes contribuir a la felicidad de alguien, y, en el intento, la más feliz acabas siendo tú.

28 agosto 2006

UNO DE ESOS DIAS....


Soy mujer. Eso significa, entre otras cosas, que una vez al mes albergo en mi interior un multitudinario baile de hormonas enloquecidas, y retengo líquidos como para paliar la sequía de África durante una semana entera. Y me inflo como un globo aerostático sin que, no obstante, hasta la fecha haya logrado el milagro de levitar.
Siginfica que mis ovarios se hacen un nudo (triple lazada), y que en mis riñones se instala un enano cabrón dedicado en exclusiva a darme pinchazos, regulares e implacables, a razón de uno cada tres segundos.

Duermo fatal y me levanto cansada. Al día siguiente, delante del espejo, sé que no toca maquillaje, sino restauración. Las ojeras me dan aspecto de mapache, estoy pálida como si padeciera ictericia, y me han salido granos de adolescente (manda huevos, que diría Trillo), además de una llaga de aspecto muy desagradable en la boca, labio inferior, donde me palpita el corazón (no le veo el romanticismo por ningún lado), y que, por supuesto, no deja de dolerme.


Todo eso, mientras mi pelo parece haber adquirido vida propia con la insana intención de hacerme perder los nervios.


Honestamente: Se me ocurren mejores maneras de comenzar el día que entre capas de pintura (si fuera puerta, me sobrarían dos), y con un kilo de laca encima. (¿Movimiento a tu peinado? Ja!).


En uno de esos días, en mi caso al menos, la realidad se transforma y el cosmos parece confabularse para: uno, que todo me salga mal; dos, que mi torpeza me preceda (más); y tres, que el planeta entero esté al tanto de ambas cosas.


Y ante esta situación, no hay mucho que una pueda hacer, pero, por si acaso:


- Me prohíbo terminantemente tomar decisiones difíciles, por claro que lo vea, ni planeo nada importante, por sencillo que me parezca.


- Descartado, desde luego, realizar inversiones, abrir negocios, o suscribir pólizas de cualquier tipo, (aunque ésto debe ser aplicable sólo a las Koplowitz, me temo).


-Tampoco firmar nada, a ser posible. (No, nisiquiera los papeles que me ponen las ONG delante de la cara para evitar que se talen los árboles de la Castellana, por poner un ejemplo).


Y fundamental: no salir de compras.

Además, intento evitar situaciones susceptibles de provocar enfrentamientos y/o discusiones de cualquier naturaleza, porque, evidentemente, bastante tengo con lo que tengo.


Pero a pesar de mis buenas intenciones,siempre tiene que haber una excepción.


Y la única posible se da, claro está, en el mismo instante en que un santo varón se permite el lujo de hacer cualquier reproche, comentario impertinente o sarcasmo respecto a mi menstruación. Entonces, me doy permiso para despacharme a gusto. Por imbécil.


Y porque si él sabe tan bien el motivo de "mi tensión", yo también sabía el de la suya: no catar hembra desde que su sabia señora esposa lo mandó a freír espárragos, y de eso hacía.... buffff


Fui una bruja. Pero me disculpé. No debí decir "sabia señora esposa", sino sabia señora EX-esposa.

27 agosto 2006

ANDALUCÍA ME QUIERE




Lo sé.
Pero no porque lo diga la campaña de promoción turística de la Junta, si no porque realmente lo siento así.
Y es algo mutuo: Yo también adoro esa tierra, sin ser la mía, y a su gente. Sus playas interminables, mientras sigan así, sin saturarse de turistas. Los pueblecitos blanquísimos y sus dueños, quienes los habitan todo el año, con su carácter alegre y abierto, hijo directo del sol y de la luz. El flamenco. Por supuesto, con duende. Y el "pescaíto" frito recién robado al mar, y el gazpacho inigualable de la abuela. El sonido de una guitarra, los acordes que le arrancaba el abuelo Francisco... siempre la guitarra. Mis veranos de la infancia. Chano, superviviente de aquellos veranos y todavía uno de mis mejores amigos, (gracias por todo), aunque su mujer no me trague, porque le pueden unos celos absurdos.
Regresando de mi exilio voluntario, un poco más largo de lo previsto, al volante de mi Focus y con unos cuantos kilómetros que devorar por delante, pensaba en todo esto. Y en que sigo siendo la misma que se fue, faltaría más, aunque algo, no sé muy bien el qué, ha cambiado. Vuelvo a casa, sí, pero no a lo mismo de siempre. Con planes en la cabeza y algún que otro "deber" inaplazable por mucho más tiempo.Y lo mejor, con la absoluta certeza de que los llevaré a cabo, a sabiendas de que no será fácil. Porque sé que tengo que hacerlo. Sigo siendo la misma, pero de repente me veo tan diferente...
Retomando la campaña promocional de la Junta, otro de sus slogans dice: "Sin tí no es lo mismo" Y yo digo que sin ella, sin Andalucía, tampoco lo hubiera sido para mí.
Bienvenidos de nuevo a mi blog.

09 agosto 2006

HUIDA



O no. El caso es que me marcho una semana, pero me da cosa llamarle vacaciones, porque en realidad se trata de un cambio de escenario provisional, donde seguir haciendo esto tan interesante que yo hago y que es... ¿nada? Pues eso.
Porque ninguno de mis amigos está en la ciudad. Porque hace demasiado calor. Porque cuando estoy en casa, cada vez que suena el teléfono me da un vuelco el corazón, y ni siquiera sé si quiero que nos tomemos ese maldito café. Porque sin embargo, cuando estoy fuera de casa, no dejo de pensar si habrá llamado. Y, sobre todo y ante todo, porque estoy harta de no sentirme dueña de mi vida, harta de esperar, de que mi confianza en mí decrezca al mismo ritmo que los días transcurren.
Cansada.
Aburrida.
Har-ta.

Ya que en esta ciudad pinto más bien poco, y por momentos el asfalto se va a derretir y a engullirme entera, estaré en el pueblo donde nació mi madre, en la provincia de Huelva, dándole gritos a mi abuela, que está sorda como una tapia, y que nos ha salido reaccionaria: se niega a ponerse el sonotone. En el peor de los casos, traeré anécdotas que contar, (la abuela Maca es todo un personaje), y reviviré esa genial sensación de pequeñez y de libertad que da caminar completamente sola por una playa desierta y casi virgen a la que no le ves el final.

Y en el mejor... No lo sé, no soy demasiado dada a hacer planes. Pero algo tendré que cambiar, no hay opción. Me lo dicen las tripas.

Eulalia, me voy a acordar de tí, seguro.

Hasta pronto. Espero.

08 agosto 2006

MARI MAR Y EL MAGO DEL BRICOLAJE

"¿Alguien puede explicarme cuál es la jodida política de precios de Leroy Merlín? Es que yo soy de Letras."
Mari Mar, amiga de mi madre de toda la vida, JAMAS suelta ningún taco, así que cuando entró en la cocina como un vendaval, mi hermano y yo nos miramos y supimos que esa vez no nos libraba ni el apuntador. Ninguna fuerza de la naturaleza, divina o humana, iba a evitarnos escuchar su historia. Y para que nadie se crea que somos unos desalmados con la mujer que nos vio nacer y que casi es como de la familia, me voy a animar a contarla lo más literalmente posible a como ella, la gran Mari Mar, nos la contó a nosotros:
"Acompañé el jueves a mi cuñada, a Menchu, que Raquel está en la playa desde junio, la muy tramposa. !Anda que los de la Seguridad Social vigilan bien lo de las bajas por enfermedad que coge la gente!, en fin, así nos va. Al final son funcionarios todos y pasa como con los médicos, se tapan entre ellos, eso es lo que pasa.Pero bueno. Eso, acompañé a Menchu a comprar pintura para exteriores, para la casa del pueblo que le quedó de sus padres, y a la que, por cierto, ya le iba haciendo falta una buena manita, porque hijos, teníais que verla, verde se ha quedado del musgo y la porquería que le ha crecido. Un horror, fatal, fatal. El caso es que, curioseando por aqui y por allá, porque yo no entiendo nada de pinturas y me aburría como una ostra,veo unos estores preciosos, clásicos de toda la vida. Debían de estar descatalogados, pero ya os digo, divinos, verde piscina (¿¿??), una auténtica preciosidad. Y baratísimos, oye, que yo no me lo podía creer: 10 euros cada uno. Al momento pensé: "Mucha falta no me hacen, pero para lo que cuestan, y para variar de las cortinas, y darle otro aire al salón..."Y decidí comprarlos. Eso sí, como me pilló así, un poco de sopetón, sin quererlo, vaya, pues los tuve que elegir al ojo del buen cubero, porque ya me diréis quién es la guapa que se va a saber de memoria las medidas exactas, de ancho y de largo, de las ventanas de su sálón.De locos, vamos. !Huy, mira!, ahora que lo pienso, pude haber llamado a casa, y que las midieran, qué tonta. Aunque total, como en mi casa nunca hay nadie..., excepto para comer y dormir, claro, que eso empieza a parecerse a un hotel de cinco estrellas. Cualquier día me harto y la lío, os lo digo yo. En fin. Como no sabía la medida exacta, decía, al menos me aseguré de que podría cambiarlos, ya me conocéis, se lo pregunté como unas dos o tres veces a la chica, pero explicándole muy bien el por qué, que a veces con las rebajas, no se sabe.
Bueno, salí más contenta de allí que unas pascuas. Al final escogí los de metro cincuenta de ancho, que pensé que irían bien, porque como el ventanal ese de mi casa es enorme, ya sabéis, va de pared a pared, pues... Fue horrible cargar con ellos (compré dos), y en el coche de Menchu no había manera de colocarlos. La verdad es que también tiene un coche bien pequeño y bien viejo mi cuñada, es que no paro de decírselo: "Menchu, hija, ahora que los niños ya terminaron la universidad, ya podías cambiar de coche, mujer". Pero ni caso. Al final conseguimos tumbarlos, atravesados....." (y bla, bla, bla...)
(Paréntesis salvador de la autora: Creo que ya ha quedado sobradamente claro el motivo por el cual Mari Mar es para mi hermano y para mí el objetivo a evitar siempre que podemos. Así que ya puedo seguir con la historia de una manera menos literal, o me pasaré escribiendo cuatro días seguidos)
La buena de la mujer se llevó los dos estores divinos (insisto, ¿verde piscina?) aquel día, jueves y como resultaron ser grandes, regresó el lunes a Leroy Merlín con la sana intención de cambiarlos. Ycual fue su sorpresa cuando le dijeron que el precio había cambiado: de 10 euros a 80, así, como quien no quiere la cosa. ¿Fin de rebajas? Pudiera entenderse... Pero no. Mucho más curioso: aquel dia valían 80 euros, pero al siguiente, martes, volverían a estar a 10 euros de nuevo. Impresionante.
Mari Mar estaba indignada, y según nos dijo, se pasó toda la mañana en la tienda (la creemos, la creemos), de empleado en empleado, (lunes infernal para ellos), hasta que el encargado, en su gran sabiduría, pudo explicarlo perfectamente: "Se trata de nuestra política de precios, señora, y yo no puedo hacer nada. Vuelva mañana, y cambiélos, o que le hagan un vale en caja central".
Mari Mar, que no tenía previsto volver jamás, habló, habló y habló, hasta que le devolvieron sus veinte euros.
Y esto nos lleva de nuevo al principio:
¿Cuál es la jodida política de precios de Leroy Merlín?
Yo sugiero una, pero es demasiado evidente: vacilar a sus clientes. Se admiten muchas más.

07 agosto 2006

MADRE




Esta mañana fui a recoger a mi madre a la ONG donde está colaborando desde hace algunos meses, para acompañarla después al ginecólogo. Por surrealista que parezca, tengo que obligarla con esto de las revisiones anuales, porque "le da vergüenza lo de desnudarse", aunque al menos ahora ya no se inventa excusas absurdas para no ir, no sé si porque sabe que no le servirán de nada o porque "vamos avanzando". Por descontado, el ginecólogo en cuestión es una mujer.
Llegué un cuarto de hora antes de lo previsto (olvidaba que estacionar en Agosto se vuelve casi fácil), y su clase de bricolaje todavía no había terminado, de manera que tuve la ocasión de verla desenvolverse ante sus entregados alumnos como pez en el agua. Debo decir que me sentí profundamente orgullosa de ella.
Su tono de voz, firme y claro, con ese ligero gracejo andaluz, daba las instrucciones precisas para ensamblar las piezas de lo que sería una mecedora. Tras insistir en que las piezas en cuestión estaban numeradas con el 2 y el 3 ("ojito con coger la 4 o la 5, que luego no nos sale"), se dedicó a supervisar , uno por uno, a sus alumnos. Corregía con cariño a los que no habían acertado, y felicitaba, un poco exageradamente para mi gusto, a los que lo habían conseguido a la primera. Tal y como se haría con niños, aunque en este caso se tratara , en general, de personas muy mayores , que le agradecían con la mirada cada gesto de atención.
Mi madre es una persona agradable, de las que caen bien enseguida.Tiene un carácter inusualmente alegre, habla mucho, es entusiasta con todo lo que hace , y exagerada, (es imposible que planchar proporcione tanta felicidad a nadie),y con ella no hay la más mínima duda acerca de cómo está el vaso: siempre lleno a rebosar. Yo estoy convencida de que vive en una realidad paralela. Y no es ninguna broma.
En definitiva, todas mis amigas la adoran, y los vecinos, y los amigos de mis hermanos y mi sobrino. Y la frutera, y las cajeras del supermercado. Y por lo que estaba comprobando, sus alumnos también. (Yo me uno a la lista, con la diferencia de que a mi me agota)
Explicaba que el siguiente paso sería lijar la madera de esa pieza, para que quedara lisa y sin rugosidades. "Como la cara de Celia", y sonrió. La tal Celia debía tener cien años, pero su rostro, redondo como una pelota, y estirado por un moño en pleno cogote, no la delataban. (No así las manos o el cuello). En cualquier caso, se la veía contenta del protagonismo recién adquirido.
Mi madre es tenaz. Y cabezota. Y siempre lucha por lo que quiere, incansable.A veces lo consigue sólo por lo que acaba aburriendo, pero cada uno tiene su método. Es sacrificada. Demasiado sacrificada. Se le olvida que ella es tan importante (o más, pero ese es un concepto que su cerebro no asimila) que todos nosotros juntos. Prefiere morirse antes que dejar de cumplir con lo que se espera de ella como madre, como esposa, como abuela, como vecina y como mujer. Y es su educación la que define esos parámetros, exactamente como si el tiempo no hubiera pasado.
Evidentemente, cuando me vio en la puerta del aula, observándola, tuvo que hacerlo, es superior a sus fuerzas. Y por más que le diga una y mil veces que me molesta, y que me cabrea, ella no dejará de repetirlo nunca: hacerme una presentación en público de no menos de cinco minutos, sin escatimar elogios ni piropos ( ni que me quisiera vender), y exagerando mis cualidades hasta hacerme parecer extraterrestre. Por supuesto, ante esa pasión de madre, nadie se atreve a replicarle, pero la cosa no queda ahí: todo el mundo tiene que reconocer lo guapísima que soy, y eso me hace sentirme tan.....En fin. En esos momentos la mataría. Sin ningún tipo de remordimiento.
Por supuesto, mi madre y yo tenemos serios problemas de entendimiento, aunque no de comunicación. Somos incapaces de ver la vida no ya del mismo modo (menuda utopía), ni siquiera de uno parecido.No coincidimos ni en religión, ni en política, ni en moda, ni en hombres, ni en opiniones acerca del aborto, de la infidelidad en la pareja, o de la eutanasia, o de la donación de órganos, o del matrimonio gay, o del trasvase del Tajo. En nadita. Me resulta muy triste, cuando voy a comprarle un regalo, saber que si elijo algo que a mí me horroriza, acertaré. Pero así es.
Sin duda, mi madre es la persona que más y mejor sabe desquiciarme.
Pero es mi madre.
Y sobra todo lo demás.

05 agosto 2006

LA VIDA TE DA SORPRESAS.... *



Pensé que jamás volveríamos a vernos, y ayer fue la noche escogida por el destino para sacarme de mi error. Después de seis años, después de tanto dolor.
Cuando ya me había acostumbrado.
Fue en una terraza de un local de moda. Sin demasiadas ganas, y más bien a regañadientes, habia aceptado la oferta de mi hermano Fernando y su novia de tomar algo, porque en casa el calor me estaba matando. Eso significa que yo no debería estar allí.
Ya me iba, sola, y él acababa de llegar, con un grupo de gente. Nos tropezamos en la misma puerta, por unos segundos. Tal vez, los que yo empleé en recoger las llaves cuando se me cayeron al suelo, o los que tardé en lavarme las manos, instantes antes, en el baño. Nunca lo sabré.
Fue una especie de shock.
Estaba diferente, aunque su mirada y su voz fueran las mismas. Tal vez había engordado algo, y tenía menos pelo, pero no era eso...En general, se le veía mucho más hombre, más "hecho". Poco que ver, supongo, con el muchacho soñador de veintidós años y conflictos en casa, que un buen día escogió la carrera militar, dejó la ciudad y a mí con ella.
Apenas hablamos. Yo porque lo que tenía en el estómago no eran, desde luego, mariposas, (¿elefantes, tal vez?), y sencillamente era incapaz de articular palabra.
Fue amable. Me dijo que estaba tan guapa como siempre, y que deberíamos quedar para tomar un café. Me dijo que me había echado de menos. No le contesté, como venía siendo habitual en mi. Le amé tanto que nunca pude contestarle, ni una sola vez, desde que se fue. Asi que sólo sonreí.
Ha vuelto, y para quedarse. "No más misiones humanitarias," me dijo.
Y cuando nos separamos y yo me giré para verle el culo, él también estaba mirándome. Dijo: "Te llamo"
* Odio las sorpresas.

04 agosto 2006

QUEDADA "DONDE SIEMPRE"



Ayer hubo "reunión de chicas" en el café de siempre, o, lo que es lo mismo, una buena dosis de risas, confesiones y algún que otro cotilleo. Casualmente, estábamos las cuatro, y como el verano nos tiene a cada una de un lado para otro, pues... Todo, desde los besos de rigor hasta la despedida, (!con más besos!) fue una fiesta. Imaginároslo.

Sí, vale.

Lo sé.

Terrorífico.

Pero esta vez, ni a mí ni a mi ¿exagerado? sentido del ridículo nos importó. Y lo dice la que siempre les casi suplica a las demás que bajen la voz, (no considero necesario que el tatuado de la barra se entere del morbazo que me provoca mi peluquero homosexual, por ejemplo); que no hagan "eso" con el camarero (extraña mezcla de coqueteo descarado y chistecillos insufribles cargados de doble sentido), y sobre todo, que no monten los numeritos-peleas típicos cuando llega la hora de pagar.

De todos modos, me guste o no, la verdad es que somos toda una institución en el bar, no en vano lo convertimos en nuestro lugar de reunión habitual hace más de diez años. Hasta el punto de que me han presentado gente a la que no había visto en mi vida, que me conocían "de vista", del "Tritón" (Lo cual, todo sea dicho de paso, me inquietaba bastante).
El caso es que en todo este tiempo, sobrevivimos a cuatro reformas, hemos visto desfilar a más camareros que reclutas en un cuartel, (alguno que otro, en período de prueba, consiguió el puesto gracias a nuestra inestimable opinión, y alguno que otro también, llegó a ser noviete de una de nosotras).

Superamos con éxito la "crisis de las crisis" que sobrevino tras la decisión de Carlos de convertir su local en un espacio libre de humo de tabaco. Si bien es cierto que en menos de un mes cambió de idea, nadie pone en duda que se trató de una prueba de fuego, que casi nos cuesta la escisión.
Y sí. Somos nosotras. Las que aparecemos entre el montón de fotos colocadas en el corcho enorme de la pared del fondo, al lado de los baños. Todo el que haya tenido que esperar más de cinco minutos para entrar en ellos, nos ha visto: desde el Carnaval del 95 (vestidas de Caperucita Roja, no pienso hacer ningún tipo de comentario), hasta la última Navidad.

Por supuesto, nuestra lealtad se ha visto compensada , además de con muchas invitaciones por parte de Carlos, con pequeños lujos, como poder dejar o recoger de allí los artilugios más peregrinos que se puedan imaginar (desde apuntes hasta paragüas, pasando por cedés, libros, ect. ...); como poder cambiarle tranquilamente los pañales a tu sobrino en la parte de atrás, (el baño es incomodísimo para eso, y en la mesa, mientras te tomas la cañita, a todas luces no procede); o como saber que puedes contar con el local, a partir de cierta hora y a puerta cerrada, para tus celebraciones privadas, tipo cumpleaños, (todos, casi todos los años) ,despedidas de soltera, (la de Luci), finales de carrera, (tres) o simplemente, porque sí, (incontables).

Otra gran ventaja, (creo que ésta sólo para mí, la rara del grupo), consiste en poder dejarse caer por allí sin necesidad de haber quedado con nadie previamente, sobre todo en esos días en que no te apetece salir, pero te mueres por media horita (ni un minuto más) , de vida social. Para esas ocasiones, es pefecto: siempre habrá alguien lo suficientemente conocido para charlar sin sentirte incómoda, y lo suficientemente desconocido para irte sin más, sin que venga a cuento, y con la única condición de anunciarlo segundos antes: "Bueno, me largo. Nos vemos".Y se acabó. Nadie se siente ofendido. Cero explicaciones. Cero compromisos. Fabuloso.

Pero ayer me di cuenta de que el principal beneficio a nuestra lealtad va mucho más allá: es tener un sitio al que ligar nuestros recuerdos de adolescentes, y, seguramente, las anécdotas más divertidas de nuestras vidas. Por eso yo ayer, en algún momento y sin moverme del sillón, nos vi a las cuatro muertas de risa, como tantas veces, y pensé lo afortunada que era por ser parte de aquello.
Ojalá dentro de diez años más sigamos quedando allí. Aunque me conformo con simplemente seguir quedando. Significará que continuamos respirando.

01 agosto 2006

SABIO: QUE TIENE PROFUNDOS CONOCIMIENTOS EN UNA MATERIA, CIENCIA O ARTE.


Daniel no tiene estudios. No sabe leer ni escribir, y, sin embargo, es la persona más sabia que conozco.

Me encanta cuando nos vemos, porque siempre me recibe con un beso y un abrazo, y porque sabe escuchar como nadie.

No juzga, no critica, tan sólo expresa su punto de vista con la más brutal sencillez.

Mira a los ojos cuando habla, sonríe a menudo y pregunta todo lo que necesita saber. Parece feliz.

La curiosidad no se le acaba, pero ni le da vueltas a las cosas, ni se complica la vida. Su lógica aplastante hace fácil incluso lo más comprometido de explicar.
Prefiere no mentir, y no sabe de dobles sentidos.

Además, es muy guapo, todo un seductor, y tiene un concepto muy lúdico de la vida: se pasa horas jugando.

Dani tiene cuatro años, es mi sobrino, y lo adoro. Es sabio porque tiene profundos conocimientos acerca de ser niño.

Gracias, Raúl, por dejarme disfrutar de él y por ser un buen padre.
Y...
Gracias, Clara, por haberlo parido. No tienes ni idea de lo que te pierdes.