DESTELLOS Y CEGUERAS

Cuando éramos pequeños, mis hermanos y yo jugábamos a menudo con mi padre a "destellos y cegueras", al más puro estilo familia yanqui perfecta, de las de "qué-bonito-es-todo", que tanto abundan en las series de televisión.
El juego consistía en contar, en una sola frase, o de forma muy esquemática, las cosas buenas y malas que habían pasado en los últimos días en nuestras vidas (en general, desde la última "partida"). Las buenas eran destellos y las malas, cegueras. Yo recuerdo incluso anotarlas en un papel para que no se me olvidara ninguna, y decirlas sólo cuando tuviera a mi público dispuesto para escucharlas. Casi siempre, aunque creo que esto no tenía nada que ver con la finalidad del juego, acabábamos peleándonos por quién tenía la ceguera peor, o de quien era el destello más brillante.
El juego lo inventó mi padre . (Se notaba sobre todo porque sólo podíamos jugar si los deberes estaban hechos), pero se desarrollaba según un ritual y unas normas que fuimos estableciendo por la costumbre, casi sin darnos cuenta, entre todos.
Por ejemplo, cualquiera de los participantes podía proponer jugar, pero tenía que conseguir el consentimiento de todos los demás, porque si no, el juego se suspendía. Así que, si te apetecía mucho, mucho, tenías que ir preguntando uno a uno si querían, y en caso de que no, ingeniártelas para convencerlos. Esto de la persuasión, a veces, requería de los más variopintos chantajes, aunque mi padre, supongo, ni se lo imaginaba.
Si finalmente la mayoría aceptaba, el proponente decidía el sitio donde jugar, que podía ser cualquier habitación de la casa, menos el cuarto de baño.
Lo que correspondía entonces era anunciarlo a grito pelado, tipo: "!!!Destellos y cegueras en la habitación de Marcos!!!", señal inequívoca de que se había logrado el consenso. (Tipo "habemus papa", pero sin fumata blanca).
Y lo siguiente, coger alguna chuchería de la cocina, y salir disparado al centro de reunión, para pillar un sitio donde ponerse cómodo: encima de la cama, en el sofá, en el suelo sobre un colchón de cojines, tumbados en la alfombra...a libre elección de cada uno, dependiendo del lugar. Podíamos incluso descalzarnos si queríamos.
El orden para empezar era siempre por sorteo. A veces contábamos todos los destellos en una primera ronda, y en la segunda, las cegueras. O a veces decíamos destellos y cegueras en la misma intervención. En ocasiones, tus alegrías no llegaban a ser destellos, pero las decías igual, por esto de tener alguno. Y en muchas otras, lo que tú creías que era una ceguera, en realidad no llegaba a esa categoría. Y era posible, incluso, que dentro de una ceguera se escondiera un destello, y que tú no lo hubieras visto.
Recuerdo un par de días en que todos, mis hermanos y mi padre, tuvimos el mismo destello y la misma ceguera. Por ejemplo, cuando se murió la abuela Antonia, o cuando se llevaron a mi madre al hospital para operarla. O cuando nos mudamos al piso nuevo, mucho más grande y bonito.
Si fuéramos una familia yanqui de las de "qué-bonito-es-todo" diría que aquel juego me enseñó a escuchar y a expresar mis sentimientos con facilidad. Pero somos españolitos, y la triste verdad es que mi hermana Clara y yo llevamos años instaladas en una especie de guerra fría bastante desagradable, a la que nos ha costado llegar, y que creo que es lo más que podemos tener.
De todos modos, es de justicia que si algún día crean un Premio Nobel a los mejores inventores de juegos, tengan en cuenta a mi padre como su más firme candidato.

11 Comments:
At 11:43 p. m.,
Bea said…
Pedazo de juego que se inventó tu padre... Yo creo que el destello del juego es que te ayudó a conocer mejor a tus hermanos y la ceguera es que no fue suficiente para evitar esa guerra. Yo sé que las relaciones con algunos familiares pueden llegar a ser súper difíciles, pero si en algún momento ves la oportunidad de arreglarlo, aprovéchalo. No siempre funcionará porque es cosa de dos, pero creo que así te sentirás mejor contigo misma y si no funciona no será porque no has puesto de tu parte.
El destello de mi día ha sido tu post... me ha encantado.
Un besazo y ánimo para arreglar las cosas!
At 2:17 a. m.,
Ettoretum said…
Secundo a Bea, gran juego, que suerte que tu padre tenía tanta imaginación e interés. Me imagino que el juego contribuyó a aprender a analizar tu vida y a saber a expresar tus sentimientos, aunque depende de con quien lo aprendido en el juego no surta efecto, sobre todo si uno no quiere jugar.
Me impactó.
At 3:34 p. m.,
Aldara said…
Bea, gracias por las buenas intenciones con lo de mi hermana, pero créeme, lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible. No sabes lo que me ha costado asumirlo, pero ahora que ya no duele, mejor dejar las cosas como están.
Un besito.
At 3:40 p. m.,
Aldara said…
Mirtho, cuando jugábamos yo era pequeña e inocente. No se me ocurría la posibilidad de mentir, ni siquiera la de ocultar sentimientos. La magia del juego era que no tenía necesidad de hacerlo. Pero cuando creces, no sé qué pasa,que de repente mientes y ocultas por mil estúpidas razones (qué pensarán de mi, eso no es correcto, etc.) y nunca vuelve a ser lo mismo.
Esa es la razón por la que ya no quiero jugar con casi nadie.
Besos. (sinceros, ¿eh?, je je)
At 4:28 p. m.,
Ettoretum said…
Nemequitepa es un bar que no tiene nombre sino onomatopeya. Es un bar donde la gente va a beberse la soledad. Es un bar que soñe tener, donde la gente acudiera al oir mi grito. Es un bar en el que si quieres bajo la persiana y tu y yo nos tomamos unas copas bajo la luz de tus ojos y con las ondas de la nueva onda de fondo repicando el yunque y el martillo. Alli se puede volver a definir todo, es un bar donde se entra pero no se sale sino que se apea.
Así me presenté ante la persona que me abrió los ojos al mundo del blog.
Nemequitepa es el sonido de un 'no me dejes' en francés.
At 10:13 p. m.,
Ettoretum said…
Dicen que todo el mundo al día miente unas cuantas veces (más veces que dedos tenemos, vamos que los mancos tienden a ser más sinceros...), es normal mentir.
Pero en temas sentimentales, te afecten a ti sola (unos a veces se miente a si mismo) o a alguien más, siempre es mejor la verdad, aunque duela porque sino o acabas viviendo una farsa de vida y siendo un infeliz o te acaban descubriendo y se alejan de ti.
La mentira para ganar tiempo o aclarar tus dudas es un clasico...todos la hemos utilizado alguna vez.
______ sincero
At 11:24 p. m.,
Bea said…
Aldara, leído lo leído muuuucho animo, wapa.
Mirtho, donde queda el bar de nemequitepa? Yo quiero ir...
Un beso a los dos
At 10:18 a. m.,
Maik Pimienta said…
Me parece un gran juego para conseguir que tus hijos se sinceren sin saber que lo están haciendo. Lo de que somos españolitos es cierto. También lo es que somos por lo general más auténticos que ellos (o eso me creo yo). Y lo de tu hermana...una pena, sí, pero ya sabes aquello de que la familia te la imponen y a los amigos los escoges...el refranero español es muy sabio, aunque oye, todo se arregla, de eso no tengo duda. Saludos!
At 9:53 p. m.,
Bito said…
Pues es un juego cojonudo, por lo que tú dices, eso de que te enseña a expresar tus sentimientos y escuchar. Además de que te hace aceptar los problemas y no olvidar lo bueno.
Muy bueno tu padre.
At 10:27 p. m.,
Aldara said…
Sr. Pimienta:
Sea ud. muy bien venido a mi blog, y muchas gracias por la visita. Y tienes mucha razón en lo de que la sangre une , pero no tanto. La gente en general se escandaliza cuando digo que mi hermana me cae fatal y que no confio en ella. Pero es la verdad.
Un saludo.
At 10:30 p. m.,
Aldara said…
Y en cuanto a tí, Bito, bienvenido tambien, que estabas un poco fuera de combate. He echado de menos leerte.
Un beso.
Ah, y mi padre tan bueno como el tuyo. (Menudo post, buenisimo)
Un beso.
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