PRIMER DIA DE TRABAJO
Aunque lo de "trabajo" es un decir. Como casi todos los primeros días de casi todos los mortales, supongo , me he dedicado, básicamente, a:
- Uno: primeras dos horas. Trío con el que ya es mi superior inmediato, y con el mandamás de todo el departamento, en una "reunión informal", donde, mano a mano y por tandas, me han hecho un extensísimo resumen de los objetivos que se pretenden conseguir a largo plazo en la empresa, de los medios con los que contamos para ello, y de la trayectoria, (en vertiginosas cifras, por supuesto), hasta la fecha. Entre medias, ya se sabe, alguna que otra pregunta dirigida a mí, por si me quisiera lucir, y el mandamás jugando a hacerse el misterioso con lo de que tenía "muy buenas referencias de mí", sin querer decirme con claridad quién se las había proporcionado. En fin. Se pagaron tres cafés.
- Dos: Siguiente hora y media. Saludar a los integrantes de mi departamento, con los que trabajaré codo con codo. La operación requirió de múltiples apretones de manos, miradas escrutadoras, sonrisas y frases amables. Se supone que yo debía dar la imagen de novata profesional, y ellos la de estupendos compañeros dispuestísimos a ayudar en la tarea de mi integración.
- Tres: Otra hora más. Saludar a los componentes de departamentos vecinos o en su defecto, muy relacionados laboralmente con el mío. Más apretones de manos, más sonrisas, más "encantada", "bienvenida", "gracias". Agotador. Pero necesario, supongo.
- Y cuatro: Vuelta a los orígenes, y otra vez trío con mi jefe y el mandamás de antes para comer. Se supone que entre plato y plato me pondrían al tanto de mis funciones y de lo que se esperaba de mí. Por fin. "Deberían haber empezado por ahí", pensaba yo. Por supuesto, fui incapaz de relajarme ni un momento, y he descubierto algo: que cuando me aburro, me cabrea no poder jugar con las miguitas de pan que quedan en el mantel, y me cabrea todavía más decir que no me apetece vino, y que me insistan tres veces, hasta que al final tengo que dejar que me llenen la copa y me mojo los labios, por no soltar una grosería atroz.
Finalizada la comida, sobre las cuatro de la tarde, me dieron, no su bendición, pero sí un pedazo dossier de protocolos, (es decir, de todo lo que en teoría se debe hacer para que tu trabajo sea correcto, pero que a la hora de la verdad, todo el mundo se salta a la torera por motivos prácticos), para que me lo leyera con calma, en casa. Y me dejaron ir en paz, hasta el día siguiente. Amén.
Vale. Está bien, lo reconozco. Llevo realmente mal estos convencionalismos sociales, a la vista está, aunque, evidentemente, me cuidé muy mucho de que se me notara. La verdad es que yo hubiera sido muy feliz si nada más entrar por la puerta me presentaran a "los allegados" y me dejaran sentadita ante mi mesa, explicándome exactamente cuál será mi trabajo: es decir, partidas de las que me voy a ocupar, y en qué mercado. Fácil, ¿verdad?
Por lo demás, no camino, levito. Y ya he dejado de pellizcarme, a pesar de que ni en mis mejores sueños pensé nunca que iba a estar en una empresa de este calibre, todo un referente en su sector. A poco que lo piense, da hasta miedo y todo. Pero.... ellos lo han querido.

3 Comments:
At 1:10 p. m.,
Maik Pimienta said…
Bruselas bien vale un misa, ¿No decían eso? -ya, París, pero a ti te vale-. Y oye, ya me pica la curiosidad con la empresa. Seguro que han elegido bien. Besos.
At 7:05 p. m.,
Bea said…
Me imagino lo incómoda que debías estar ese primer día con el rollo del protocolo y todo el día con los jefes... en fin, es lo que tienen las empresas!!! Pero seguro que bien vale soportar eso, porque el trabajo tiene una pinta más que interesante. Enhorabuena otra vez por el curro, ya nos irás contando!
Besotes
At 9:38 p. m.,
Aldara said…
Hola, Maik,me permitirás que guarde el secreto, ¿verdad? Y gracias por el piropo de la elección. Ya veremos...
Y en cuanto a tí Bea, te aseguro que no, no te lo imaginas. El primer día fue una auténtica tortura para mí. Pero estoy segura de que merecerá la pena aguantar el tirón.
Un beso a los dos.
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