Romeo debió vivir

INTENTO, PROBABLEMENTE VANO, DE ENTENDER Y ENTENDERME. RINCON DONDE PONER EN ORDEN MIS CONSTANTES Y APABULLANTES CONTRADICCIONES. BUSQUEDA DEL EQUILIBRIO ENTRE BESARTE Y PARTIRTE LA CARA. CUALQUIER PARECIDO CON EL PARAISO, PURA COINCIDENCIA.

24 noviembre 2006

AVANZAMOS QUE ES UNA BARBARIDAD....

De vuelta a mi blog, semi abandonado por motivos ajenos a mi voluntad (viajes de trabajo, básicamente, que ya parezco Moratinos), reemprendo la actividad transcribiendo textualmente una carta-protesta que acabo de enviar a Círculo de Lectores, porque lo de modernizarse y tener página web está muy bien, pero !joer, que funcione!

"Mi nombre es...... y mi número de socia.....
El motivo de este correo es la total imposibilidad que tengo al acceso como socia vía internet.
Estoy casi segura de que la contraseña que introduzco es la correcta, puesto que la anoté en su día, pero a a pesar de que me tomé (mútiples) molestias, no consigo la entrada.

Intenté hacerlo a través del apartado "¿olvidaste tu contraseña?" y casi fue una experiencia surrealista: Para mi sorpresa, encuentro que me dan dos opciones: responder a la pregunta secreta (que ni me la formulan, ni puñetera idea de a qué pregunta se refieren, !como para contestarla!), o introducir la dirección de correo electrónico. Opto por ésto último, pero de todos modos, el resultado es el mismo: no puedo acceder. (Ya que me advierten que se tienen en cuenta acentos y mayúsculas, pruebo de mil maneras, por si en su día alteré alguna mayúscula o algún acento, pero parece que hoy no es mi día: sigo sin entrar).

Pasados quince minutos largos, empiezo a cabrearme, y lo cierto es que me dan unas enormes ganas de largarme a ver la tele, pasear a mi perro, o rascarme la barriga en el sofá, lo que sea, con tal de pasar de Circulo de Lectores am-plia-men-te. Pero como dios es grande, y aunque no es mi día, al parecer el de Uds. sí, resulta que a pesar de los pesares, echo un vistazo, anoto tres libros que me interesan, con sus referencias, y el calendario 2007 de Maitena, y decido que mañana llamaré a mi agente, porque ahora mismo no son horas.
Total: estarán de acuerdo conmigo en que si me arreglan lo de la contraseña, sería estupendo. Así, la próxima vez no maldeciré su página en internet, a sus santas madres que nada tienen que ver en este asunto, además de ahorrarme tiempo, trabajo y cabreos.

Todo esto dicho sin acritud.

Cordiales saludos."
Estoooo... ¿me lo arreglarán?

26 octubre 2006

25/10/2.006- 07:42 a.m. 3, 460 KGS. 69 CMS

Acaba de nacer, aunque casi no lo consigue, y casi se lleva a mi hermana por delante.
Como suele ocurrir, el timbre del teléfono en mitad de la noche no fue un buen presagio. Mi madre lo dejó sonar sólo tres veces, se levantó como un resorte. Decía que sentía el corazón como si quisiera escapársele del pecho mientras caminaba por el pasillo para descolgar. Pensó en la abuela.
Horas de espera angustiosa en un hospital privado, que parece un hotel de lujo, en el que hasta debe de darle cosa a uno morirse. En principio nos dijeron que la niña venía de pie, pero que no teníamos que preocuparnos. Ya nos darían más detalles en cuanto fuera posible.
No hay caos de médicos de un lado a otro, ni se ven pacientes en camillas en medio de los pasillos. No huele a hospital. Pero aunque la enfermedad y las miserias se escondan, la sensación de soledad se multiplica de todos modos. Y allí estamos los cinco, sin saber qué está pasando exactamente, pero preocupados por intuición.
Todo atenciones. La recepcionista que nos atiende sonríe mucho, a pesar de que son las tres de la mañana. Nos ofrece bombones de una bandejita plateada, y nos pregunta si queremos café, chocolate o infusiones. No lleva uniforme de enfermera, y nos acompaña a una sala muy acogedora, no pequeña, para nosotros solos. Tiene sillones de cuero comodísimos, y un montón de plantas. Moqueta y paredes color gris, que hacen juego con las cortinas. Tengo la impresión de que Zapatero va a entrar de un momento a otro. O el Rey. O el Papa.
Mi madre no dice nada, y yo sé que para sus adentros no ha parado de rezar, ni un segundo, desde que colgó el teléfono hasta este mismo instante. Mi padre la mantiene abrazada, rodeando sus hombros todo el tiempo. Creo que es Fer el que dice que a Clara le va a dar algo cuando nos vea con estas pintas. Y es entonces cuando nos paramos a mirarnos unos a otros. Hace menos de una hora estábamos durmiendo a pata suelta, y ninguno va precisamente de tiros largos. Mi padre incluso tiene las marcas de la sábana en la cara. Mi madre sonríe cuando digo que levante la mano el que se haya peinado. Y se disipa un poco la tensión.
Estamos allí.
Con la odiosa sensación de encierro en un hospital fantasma, de ser los únicos que respiramos en muchos metros a la redonda, rodeados de un silencio tan intenso que a mí, al menos, empezaba a ponerme muy nerviosa. Conseguí averiguar que mi hermana al parecer, había ido por la tarde, sobre las cinco, porque no se encontraba bien, y ya la dejaron ingresada. Una hora después, se puso de parto.Vino alguien a traerle un neceser con sus cosas (la asistenta, supongo), y por lo demás, éramos los primeros familiares que acudíamos. Intentaron localizar a su marido, pero no fue posible. Y en un "momentito" vendría el obstetra a hablar con nosotros.
Ese momentito duró dos horas. Había surgido otra complicación, de la que, al parecer, tampoco teníamos que preocuparnos. (Qué empeño con darnos instrucciones al respecto). La niña venía con el cordón umbilical enroscado en el cuello, y no podían cortarlo, así que iban a prepararlo todo para practicar una cesárea. Y nos lo dijeron como si todos los partos de todas la mujeres del mundo se desarrollaran de igual manera.
Mi madre se angustió; pensaba que desde las seis de la tarde, habían tardado demasiado en decidir abrirla. Pero se equivocaba, si fuera demasiado, no habría salido todo bien apenas una hora más tarde, aunque no pudimos ver a Clara hasta pasadas las nueve. Yo, que había pensado esperar lo justo para saber que quedaban las dos fuera de peligro, y luego irme a trabajar, sorprendentemente, no me moví de allí hasta que salimos de la habitación (¿o debería decir de la suite?). Ninguno nos movimos, en realidad.
Así que... Nada. Dani tiene una hermana. Con todo lo que ello implica. Y yo, a estas alturas, todavía no sé lo que voy a hacer al respecto. Porque aunque nunca me he referido así a ella, es mi sobrina. La primera. Y, de momento, la única.
Por cierto. Es muy probable que al final se llame Laura. A mi hermana, lo de Mercedes nunca le gustó, y... ¿cómo decirlo? ...Está bastante cabreada con su marido.

15 octubre 2006

PENSAMIENTOS

Hace menos de quince días que empecé a trabajar y:
- Apenas tengo tiempo de otra cosa. Me estoy planteando pedirle a Sus Majestades de Oriente, alias los Reyes Magos, que alguien se invente un horario que concilie (de verdad) la vida laboral con las demás formas de vida, quizá no tan productivas, pero múltiples y tambien muy gratificantes.
- Echo de menos (mucho) las visitas a mis blogs preferidos, antes de dormirme, cuando la casa se queda en completo silencio, y yo tengo una taza de café con leche calentito a mano. Como ahora. Aunque ahora lo del silencio es un decir, tengo a un grupo de botellón justo debajo de mi ventana.
- Echo de más (mucho también) a la persona que se supone me tiene que explicar cómo hacer mi trabajo y en realidad no me explica nada. Se limita a decirme cosas como "aquí tienes que poner siempre un tres ". Apenas me conoce, pero ya sabe dos cosas de mí: primera, que no pienso conformarme con poner el jodido tres sólo porque ella lo diga, y segunda, que muy bien no le caigo. ( Eso siendo sutil y más que benevolente conmigo misma. Pues que espere a que se me acabe la paciencia y la amabilidad)
- Me echa de menos... mi sobrino. Hablo con él por teléfono y la pregunta es siempre la misma: "Tita, ¿cuando vienes?". Intento no sentirme culpable, me repito eso de que se trata de calidad y no cantidad, etc. pero no da mucho resultado. Y menos desde que su padre me dice que de repente se dedica a pegarle bocados a los demás niños de la guardería como si fuera un perro, cosa que jamás había hecho antes. En fin. Creo que ese jovencito demanda una conversación, y sobre todo, una explicación, de mujer a enano. Mañana. Lo pienso acaparar todo el día. Me lo llevo al zoo.
- Por último...me llamo Aldara y soy adicta. Al móvil. (Siiiii, mi madre me ha subvencionado uno hasta que cobre). Adicta más bien a mis conversaciones eternas con Koen. Qué chico más sorprendente. Creo que nos veremos en Navidad. Y no puedo evitarlo, tengo una más que estúpida sonrisa en la boca.

07 octubre 2006

COMIDA FAMILIAR


Llego a casa, y en cuanto abro la puerta, al fondo del pasillo, me encuentro con mi hermana Clara, y de forma inconsciente se me van los ojos a la foto de Dani, mi sobrino, que está encima del mueble de la entrada. Ella también ha tenido que verla.
Al parecer, hoy prescinde de la eficacísima cocinera que su marido le paga religiosamente y se queda a comer con nosotros. Apenas la saludo con un leve "qué hay", y me comporto exactamente como si no estuviera, asi que a continuación me voy directa a besar a mi madre, que está sacando de la sartén esas deliciosas croquetas que sólo ella hace tan buenas. La abrazo, la achucho y le llamo guapa para que me deje robar una . Ella protesta, hace que se enfada, y me manda poner la mesa. Clara observa la escena sin decir nada. Hace muchos años, en esas mismas circunstancias, era ella la que se ocupaba de entretener a mamá, mientras yo me apropiaba del botín, en un impecable trabajo en equipo. Puede que ella también lo estuviera recordando.
Tiene una barriga redondita preciosa, y está muy guapa, así que me pone un poco nerviosa oirla decir que está deseando que nazca el bebé porque "odia verse gorda". Al parecer, sale de cuentas el 18 de Octubre. Sé que va a ser una niña, porque mi madre me lo ha dicho. Y sé que su marido quiere que se llame Mercedes, y que mi hermana se haga la ligadura de trompas.
Llega mi padre, quejándose, porque un listo dejó su coche justo delante del garaje, con los cuatro intermitentes puestos, y lo ha tenido esperando más de media hora antes de poder entrar. Creo que es el mismo listo por el cual llamé yo a la grúa hace dos días. Es evidente que no escarmienta. Mi padre nos besa a las tres, y se sorprende mucho de que Clara se quede, así que le pregunta si todo va bien. El tampoco puede resistirse, y también roba una croqueta, ganándose la consiguiente regañina con sonrisa de mamá.
Llega Fer al rato, y ya estamos todos a la mesa, excepto Marcos, que lleva más de media hora enganchado al móvil, de charla con "sabe dios quién", dice mi madre. Yo me lo imagino, pero ni mu.
Visto desde fuera, parecemos una familia de tantas, a la hora de comer. Pero lo cierto es que la situación es extrañísima, además de novedosa. Porque Clara es mi hermana, pero ni siquiera "parece" una más. Porque hace mucho que se alejó y decidió que ya no quería tener nada que ver con nosotros. Porque muestra no tener ni idea de que Marcos ya regresó de Bruselas, ni de que yo empecé a trabajar, ni de que la abuela se cayó la semana pasada, a pesar de que mi madre se lo tuvo que haber dicho. Por algo es la única con la que habla más o menos fluidamente, y eso, estoy segura, porque mi madre no deja de llamarla cada semana, puntual como un reloj, sin fallar ni una sola vez.
Y de nuevo es ella la que se esfuerza por darle un aire de normalidad a la conversación, y hace que Clara participe. Le pregunta cosas del nacimiento del bebé, aunque ella ya se sabe todas las respuestas. Como si alguno de nosotros pudiera olvidar que mi hermana ya parió una vez.
Nos contó que el nacimiento, por supuesto, será en el mejor hospital privado de la ciudad. Están planteándose celebrar el bautizo para la primavera, en el chalet de la playa, y contratar a una empresa que se encargue de todo: del catering, de las invitaciones. Mientras ella habla, sé que mis hermanos y yo (creo que también mi padre) nos sentimos ajenos a lo que dice, y desde luego, ninguno da por sentado que se nos vaya a invitar. Al fin y al cabo, tampoco fuimos a la boda. Por cierto, jamás había oído algo más snob, pero van a poner una "lista de bautizo".
Y mientras el café se hacía, mi madre anunció, con una sonrisa, que ella ya tenía su primer regalo para su nieta. Y le entregó a Clara una caja con motivos de angelitos, que ella misma pintó. Dentro, había una chaqueta tamaño pitufo, de angora blanca, haciendo juego con los patucos, que yo la veía tejer en sus ratos libres.
Tan solo se esperaba de mi hermana que dijera "gracias" y sonriera. Poco más. !Por el amor de dios, no era tan difícil! Pero nuestra Clarita tuvo que dejar bien sentado que no le iba a dar tiempo a ponerle la rebeca a la niña porque "teníamos que ver la cantidad de ropa de marca que ya tenía para ella."
Se hizo un silencio.
Y mi madre lo rompió preguntándonos si íbamos a querer leche caliente con el café. Y yo por enésima vez también, me pregunté si mi hermana es maliciosa, o sencillamente estúpida. O ambas cosas.

04 octubre 2006

PRIMER DIA DE TRABAJO

Aunque lo de "trabajo" es un decir. Como casi todos los primeros días de casi todos los mortales, supongo , me he dedicado, básicamente, a:
- Uno: primeras dos horas. Trío con el que ya es mi superior inmediato, y con el mandamás de todo el departamento, en una "reunión informal", donde, mano a mano y por tandas, me han hecho un extensísimo resumen de los objetivos que se pretenden conseguir a largo plazo en la empresa, de los medios con los que contamos para ello, y de la trayectoria, (en vertiginosas cifras, por supuesto), hasta la fecha. Entre medias, ya se sabe, alguna que otra pregunta dirigida a mí, por si me quisiera lucir, y el mandamás jugando a hacerse el misterioso con lo de que tenía "muy buenas referencias de mí", sin querer decirme con claridad quién se las había proporcionado. En fin. Se pagaron tres cafés.
- Dos: Siguiente hora y media. Saludar a los integrantes de mi departamento, con los que trabajaré codo con codo. La operación requirió de múltiples apretones de manos, miradas escrutadoras, sonrisas y frases amables. Se supone que yo debía dar la imagen de novata profesional, y ellos la de estupendos compañeros dispuestísimos a ayudar en la tarea de mi integración.
- Tres: Otra hora más. Saludar a los componentes de departamentos vecinos o en su defecto, muy relacionados laboralmente con el mío. Más apretones de manos, más sonrisas, más "encantada", "bienvenida", "gracias". Agotador. Pero necesario, supongo.
- Y cuatro: Vuelta a los orígenes, y otra vez trío con mi jefe y el mandamás de antes para comer. Se supone que entre plato y plato me pondrían al tanto de mis funciones y de lo que se esperaba de mí. Por fin. "Deberían haber empezado por ahí", pensaba yo. Por supuesto, fui incapaz de relajarme ni un momento, y he descubierto algo: que cuando me aburro, me cabrea no poder jugar con las miguitas de pan que quedan en el mantel, y me cabrea todavía más decir que no me apetece vino, y que me insistan tres veces, hasta que al final tengo que dejar que me llenen la copa y me mojo los labios, por no soltar una grosería atroz.
Finalizada la comida, sobre las cuatro de la tarde, me dieron, no su bendición, pero sí un pedazo dossier de protocolos, (es decir, de todo lo que en teoría se debe hacer para que tu trabajo sea correcto, pero que a la hora de la verdad, todo el mundo se salta a la torera por motivos prácticos), para que me lo leyera con calma, en casa. Y me dejaron ir en paz, hasta el día siguiente. Amén.
Vale. Está bien, lo reconozco. Llevo realmente mal estos convencionalismos sociales, a la vista está, aunque, evidentemente, me cuidé muy mucho de que se me notara. La verdad es que yo hubiera sido muy feliz si nada más entrar por la puerta me presentaran a "los allegados" y me dejaran sentadita ante mi mesa, explicándome exactamente cuál será mi trabajo: es decir, partidas de las que me voy a ocupar, y en qué mercado. Fácil, ¿verdad?
Por lo demás, no camino, levito. Y ya he dejado de pellizcarme, a pesar de que ni en mis mejores sueños pensé nunca que iba a estar en una empresa de este calibre, todo un referente en su sector. A poco que lo piense, da hasta miedo y todo. Pero.... ellos lo han querido.

01 octubre 2006

IMPACTANTE BRUSELAS


Una vez más, Marcos y yo compenetrados. Como cuando jugábamos de niños, y él se caía y la que iba llorando a mamá era yo. Agotados por toda la noche sin dormir, y tristes por tener que abandonarla, llegamos ayer de Bruselas. Cada uno ensimismado en sus propios pensamientos, casi sin hablar, con la absoluta certeza de que algún día, puede que pronto, regresaremos, y el temor real a que nada vuelva a ser lo mismo.
Y es que para ambos, (para mí en menor medida, es cierto), Bruselas comenzó como una aventura: una especie de Erasmus agotador y divertido, enriquecedor, aún llegando con unos cuantos años de retraso. Y para ambos también, terminó con una ilusión desconcertante de puro intensa.
Llegué dispuesta a disfrutar la ciudad cada segundo. Virgen en conocimientos, porque, aunque sólo dios sabe lo que me costó, le hice caso a Marcos y apenas busqué información de la ciudad. No me compré ninguna guía, no leí nada, no vi fotos. No quise saber si tendría metro (sencillo, con sólo dos líneas, y totalmente decorado con obras de arte, sí tiene); ni el número de habitantes (más de un millón, gran parte extranjeros). No quise saber qué se podía hacer o visitar, para no anticiparme a nada. El plan era, sencillamente, dejarme sorprender. Y lo cierto es que Bruselas me impactó, aunque yo estaba predispuesta a ello: me había enterado que a mi regreso empezaría a trabajar, y eso me vaciaba de preocupaciones e incertidumbre. Al final, dijeron que sí. Al enterarme, supuse que pellizcándome muy fuerte me despertaría. Pero lo único que conseguí fue un moratón en el brazo que tardó cuatro días en desaparecer, y una sonrisa que todavía no se ha borrado.
Durante el vuelo, hice un repaso mental de los compañeros de piso de mi hermano. Sospechaba, por lo que él me había contado, con quiénes congeniaría enseguida y a quiénes me costaría más tragar. En mi mente, les puse cara, como si fueran los personajes de un libro, aunque luego casi ninguno encajara con lo que mi imaginación había decidido. Por ejemplo, a Sven, el sueco, yo lo veía alto, rubio, de ojos azules y carácter frío y distante como su país. Y resultó alto, rubio, de ojos azules pero cálido y cercano. A Raika, eslovaca, todo lo contrario: quise que fuera morena de piel y con el pelo negro como el mío, y muy liso, extrovertida y habladora. Y resultó blanca como una muñeca de porcelana, con ojos de agua y más bien tímida y huidiza. Simon, francés, tenía que ser el sibarita del grupo, amante como era de la buena cocina, y prueba de ello, con algunos kilos de más. Pero no creí que tuviera aquellos coloretes permanentes y tantas supersticiones. Con el italiano, Carlo, fantaseé lo que quise, y decidí, sin haberlo visto en mi vida, que me iba a gustar más de la cuenta, pero lo cierto es que me cayó fatal y nisiquiera estaba bueno. Y con Rafa, el andaluz, sólo coincidí dos veces.
Y sí. Confieso que tenía especial curiosidad por la francesita que se colaba en todas y cada una de las conversaciones con mi hermano, y de la que, juro que sin mala leche, no recordaba el nombre. Bien. Se llama Nicole, y me gustó. Al menos, más que otras novias que Marcos haya tenido, aunque al principio se esforzaba demasiado por caerme bien. 29 años, de Lyon, dulce, alegre, inteligente. Que no le haga daño, por favor.
Ignoro si fue un acierto, pero cuando llegué tenía una idea más bien vaga de la ciudad: sabía que era la sede de algunas instituciones europeas, que hablaban francés, flamenco y algo de alemán, y que tenían un "monumento" (no es un monumento, !es un edificio!, ¿cómo podía no tener ni idea de eso?), en forma de átomo gigante, bastante famoso. Me refiero al Atomiun, que representa una molécula de hierro aumentada una burrada de veces, y que se construyó para la expo del 58. Lo han reformado hace poco.
De lo que estoy segura es de que hubiera agradecido mucho saber, por ejemplo,que los "choesels a la bruxellois", plato típico, eran asquerosos riñones estofados, antes de probarlos. O que Mannekin Pis no era un amigo de mi hermano, concretamente, "el del museo", como me hicieron creer muertos de risa, sino que se trataba de una estatuilla muy famosa en la ciudad que representaba a un hombre orinando, y que tenía vestuario propio, unos doscientos trajes, más o menos, expuestos en el Museo de Bellas Artes. En fin. Nada que alegar a mi favor, salvo que la ignorancia es terrible.
Y Bruselas una ciudad que merece mucho la pena. Pero también Gante, Brujas, Amberes, Malinas y Lovaina. Para generalidades, lo mejor es consultar una guía. Yo me quedo con las impresionantes fotos que logré de las vidrieras de la no menos impresionante catedral de Saint Michel; con la tarde pasada en el barrio de Sablon, que concentra dos de mis mayores debilidades: chocolaterías y tiendas de antigüedades. Con el descubrimiento de que Lucky Lucke y mis adorados pitufos son creación de artistas belgas, al igual que Tin Tín, aunque de éste ya lo sabía. Con el art noveau que invade toda la ciudad, y dos restaurantes: el de una de las esferas del átomo gigante de antes, y el temático "Halloween". Y con la Galería Saint Hubert, una calle comercial cubierta con cristaleras, como si fuera un invernadero. Y con la Grand Place, hermosísima...la lista es inacabable.
Pero si tengo que elegir, me quedo, sobre todo y ante todo, con el único belga, de Gante, para ser exactos, que conocí allí. A pesar de llamarse Conrado Pascual (sí, si, Koenrad Pascal Van algo larguísimo e impronunciable, Koen para los amigos, pronunciado "Kun"); a pesar de que, en lugar de besarme cuando nos despedimos, no se le ocurrió otra cosa que darme su tarjeta, tras más de doce horas juntos callejeando, riéndonos y charlando. A pesar de que por ello, "me viera obligada" a besarlo yo. ¿Qué puedo decir? Fue mágico. Por eso quiero volver, y por eso me siento como una niña, feliz y triste a la vez, y entendiendo muy bien a Marcos y su francesita.

14 septiembre 2006

HAY UNA CARTA PARA TI



O no exactamente. Lo que había para mí era un correo electrónico. Porque las cartas de toda la vida, las de sobre y matasellos, ahora son sólo cosas de Hacienda, de Tráfico, de los Juzgados y de los bancos, ¿no?, y encima, viniendo de donde vienen, seguro que para traer noticias francamente mejorables. En fin. Mi correo - sí, con alguna censura, pero poca cosa-, venía a decir más o menos esto:
"Hola, minana:
Mi comisión de servicios se acaba. Sólo me queda hasta finales de septiembre aquí, aunque ya han pasado seis meses. Y la verdad es que no me quiero ir. O no del todo. Estoy como atrapado en esta ciudad que me fascina y me aturde a la vez. A pesar de que es un coñazo expresarte en una lengua que no es la tuya, y a pesar de tener la odiosa sensación de que se te escapan detalles vitales de las conversaciones. A pesar del frío que empieza a hacer, y de lo mala que es la comida. A pesar de que vivo con cinco personas más , cada una de un país diferente, en un apartamento de 60 metros, con cuatro literas, y un sofá, y donde el cuarto de baño jamás está libre cuando lo necesitas.
A pesar de ello y como me temo que toda ayuda será poca a la hora de marcharme, he pensado que ....(Ver documento adjunto, y sobre todo y muy importante, NO CHILLAR COMO UNA LOCA, que nos conocemos)
Te doy tiempo a que recorras la casa varias veces dando botes, y cuando me parezca que ya estarás lo bastante cansada y relajada, te llamo y comentamos los detalles. Venga"
El susodicho documento adjunto al que se refería el correo no es otra cosa que la confirmación de un billete electrónico de un vuelo a nombre de Aldara V. V.,(yo soy ésa, como dice la copla), rumbo a Bruselas , por gentileza de mi hermanito el funcionario, para el próximo domingo.
Oé oé oé... trailará, lará, larito...y Arriguitaun, taun, taun.
¿Alguna vez he dicho que Marcos es el "más mejor" del mundo mundial? Pues lo es. Pero no por este regalazo. O al menos, no sólo por él.
Y está bien. Lo contaré, pero rapidito. Me llama "minana" porque cuando él ya era un hombrecito de dos años, que levantaba tres palmos del suelo, y yo todavía estaba en mi sillita, la mar de entretenida metiéndome los dedos de los pies en la boca (flexibilidad, divino tesoro), y alguien le preguntaba quién era yo, él respondía "mi nana", cuando realmente quería decir, mi hermana. Y yo tengo mis dudas acerca de si aprendió finalmente a decirlo bien, porque desde entonces me sigue llamando así. Pero reconozco (sí, es cierto) que a mi oído le suena más que bien. Porque es un vestigio de aquel deseo de casarnos uno con el otro cuando éramos pequeños, y porque todavía hoy en día hay pocas cosas más reparadoras para mí que una buena conversación con él y una buena siesta con mi cabeza apoyada en su barriga.
Pero no nos desviemos del tema principal. !!Me voy a Bruselas!!!
Y no sólo eso. Por fin he encontrado algo con lo que entretenerme lo suficiente como para olvidar que los de la entrevista dijeron que llamarían entre mañana y el martes. Buf. Justo ahora. Hasta serán capaces de decirme que sí. Tela.